25 abr. 2012

Confieso que he leído.


En ocasión del Día Internacional del Libro es común hablar de que hay que fomentar la lectura y de que el amor a los libros no debe perderse, pues aunque uno pueda leer los textos en la computadora, no hay nada como acariciar unas páginas de un impreso y bien encuadernado ejemplar.
Como bibliómano por herencia, pues mi abuelo fue gran lector y coleccionista de libros y me crié entre dos grandes bibliotecas, la de mi casa y la de la casa de mi abuelo, seguí la naturaleza de devorar libros y comprar todos los que pude. Jugaba en sitios donde uno se habla de tú con los ratones y me hice experto en escalar libreros y estantes. Más que la tierra de los campos deportivos se me llenaron las manos de los polvos normales de las bibliotecas.
Pero llegó un momento en que ya no pude cargar tantos libros de un lado a otro y finalmente fui dejando cajas de libros por aquí y por allá, coleccionando sus versiones digitales.
Sin embargo, la fiebre de comprar libros no se pierde, y un reciente viaje a Cuba hice una buena recolección de nuevos libros, pues allá si fomentan la cultura y los precios son bajos, mientras que aquí comprarse un libro cuesta lo de 10 comidas en una fonda.
Recientemente un alumno me hizo la misma pregunta con la que ahora exhiben políticos iletrados: “Cuáles libros lo han marcado”. Bueno, físicamente el segundo tomo de la edición del Universal de México a través de los siglos de Rivapalacio, que con su kilo y medio golpeó mi cabeza cuando trataba de sacar otro libro. La marca duró bastante tiempo, pues se unió a la caída de un estante bastante alto. Otro libro que me marcó que “El Mediterráneo” de Emil Ludwig; que lo leí en un par de días, para luego volver a leerlo, pues no quería separarme de él. Había otro, la autobiografía de Benjamin Franklin, que casí era interactivo, pues desee seguir sus recomendaciones, lo mismo que el del “Trabajo Intelectual” de Jean Gitton. El de “Civilización Maya” de Sylvanus Morley fue otro muy importante para mi, lo mismo que los de Thompson y Ruz sobre la cultura maya.
Pero como seguramente se refería mi alumno a los de ajedrez, tendría que mencionar que “Medias Horas de Ajedrez con Morphy” y el “Sentido Común en Ajedrez” fueron de los primeros que leí, lo mismo que el “Chess Fundamentals” de Capablanca, que lo tenía en inglés y lo leí con diccionario en mano. Otros que me marcaron fue el de Tal y Zhuravlev, Manual Enciclopédico de Ajedrez, primero en mimeógrafo en 1966 y luego ya impreso en los noventas, lo mismo que el Paso a Paso de Zhuravlev, Lecciones de Estrategia de Koblentz, todos en ruso y que no han sido traducidos.
Pero gran parte de lo que estudie en ajedrez principalmente eran artículos de varias revistas como “Jaque Mate” de Cuba, “El Ajedrez Americano” de Argentina, “64” de la URSS primero y luego de Rusia, “Ajedrez” de Letonia y “Ajedrez en la URSS”; y ocasionalmente “Boletín de Ajedrez” de la URSS y “Chess Life” de Estados Unidos.
Tenía, heredadas de mi abuelo, grandes colecciones de revistas de los años treinta, como el Britisch Chess Magazine, Chess Review y la “Revista Mexicana de Ajedrez” que dirigió mi abuelo de 1933 a 1935.
En realidad en la biblioteca tenía más de 1400 libros de ajedrez en diversos idiomas, antes que tuviera que adquirir uno yo, que fue el de Torneo de Candidatos de 1965. Bastante invertiría yo para tener modernizada la biblioteca que luego tendría libros desde 1860 hasta 1935 y luego de 1965 en adelante, con una laguna entre 1935 y 1965 que mucho más tarde llenaría.
Muchos de los libros rusos que veía recomendados en revistas de hace cuarenta años, hasta pasado 2009 los pude conseguir digitalizados y conocerlos realmente. Ahora, gracias a un catálogo de Sajarov sobre libros de ajedrez editados en la URSS, puedo decir que los tengo todos digitalizados, esto en lo que toca a ediciones nacionales de la URSS, de las ediciones de cada república, de las que no hay catalogo completo, si me deben faltar muchos, pues seguido me sorprendo de “bajar” libros de Ucrania, Bielorrusia y Letonia que no conocía antes y que no eran de distribución por toda la URSS, sino más bien local. Lo mismo sucede con infinidad de revistas locales.
El síndrome del pajar es terrible y creo que será necesario hacer algún boletín o serie como de “Platícame un libro” para recomendar los libros relevantes, pues es imposible estudiar muchos y tanta abundancia de información puede tener tan mal efecto como la ausencia o lagunas de información.
En Inforchess tuvieron mucho éxito los artículos sobre recomendaciones de libros, pero en los dos últimos años ha cambiado mucho el panorama, pues se pueden conseguir digitalizados prácticamente todos los libros de ajedrez y ha aumentado mucho el número de libros traducidos al castellano a partir del inglés y el ruso. Además el lugar donde publicaba esas recomendaciones se dedica a la venta de libros y no es fácil conciliar esto con sugerencias piratescas, además de que sería entrar en una polémica sobre la piratería en ajedrez.
Creo que tan pronto logre salir de baches de salud, que de repente me salen y luego libro, me ocuparé en el trabajo extra de este “Platícame un libro de ajedrez” que pienso sacar en texto y en audio, para juntarlo con mi proyecto de programas de radio de ajedrez en Dos Méxicos A.C.
Por lo pronto, después de la pesadilla del viaje en “Ibrahim Martínez Tours” de 35 horas en  camión y no dormir para nada, para tener que jugar todas las partidas de blitz y luego regresar otra vez en camión, lo que fue el peor torneo que me ha tocado “experimentar” y que de milagro no perdí todas las partidas, además de atestiguar cada barrabasada, de las que nos esperan cuatro años más; no se si quedé traumatizado o simplemente agotado, pero la salud desde entonces va y viene.  Como decía Aliosha Tavison tras tener un pésimo torneo: “Nos trataron peor que a animales”
Lo curioso es que en la clausura del evento, todos deseamos buen viaje a Ecuador al GM León Hoyos, cuando ya varios de los presentes sabían que no era un torneo autorizado por la FIDE y no serviría para el rating, ni para normas,( uno hizo una de GM y otro de MI, que no serán homologadas), ya que la Federación de Ecuador “oficial” no avalaba el evento a pesar de un fuerte patrocinio del gobierno de Ecuador. En pocas palabras, un fraude al que enviaron, con su beneplácito nuestras autoridades ajedrecísticas, a León Hoyos para ver que jugase en un evento “pirata” solo por una lana. ¡Que alguien me explique!
Tenemos Confederación de las Américas, Iberoamericana, nos falta una Latinoamericana, y otra Atlántico Europa América, y la Asia Pacífico como entre universidades. En México a ver si hacemos algunas “Organizaciones” para dar variedad al caldo, como hace ya 40 años que teníamos tres federaciones, la Federación Provincial de la República Mexicana, La Federación Mexicana de Ajedrez y la Liga Nacional de Ajedrez, y había muchos más torneos que ahora, pero luego se integraron en FENAMAC y surgió el Instituto Mexicano de Ajedrez y otras organizaciones “nacionales” más. Casi en cada entidad hay disidentes, pues unos tienen el aval y otros los ajedrecistas. ¿Cuándo uniremos ajedrecistas con dirigentes avalados? Poderoso caballero…

16 abr. 2012

¿No hay Moral?



En la Universidad de Texas Tech la GM Susan Polgar realizaba una serie de actividades con su programa muy especial y que de alguna manera encontraba replicas en Dallas y en Brownsville, aunque diferían en conceptos y estilo de trabajo. Además en Dallas la promoción del ajedrez ya tenía muchos años cuando en Texas Tech se inició el trabajo de la GM Polgar.
El caso es que en el estado de Texas se habían formado tres focos importantes de desarrollo de ajedrez universitario con una variedad de orientaciones. Se fomentaron becas que atrajeron y favorecieron a estudiantes iberoamericanos, así como también a jugadores de Europa Oriental que, por lo general, seleccionaban universidades del Noreste de los Estados Unidos.
En un momento dado parecía más bien un mercado de jugadores y formación de equipos como de una liga semi profesional de ajedrez, pero se esperaba que los estudiantes “normales” de educación superior fueran atraídos a participar habitualmente en actividades de ajedrez más que simplemente en competencias representativas. En Dallas se abrieron interesantes programas de capacitación de instructores de ajedrez, aunque no me convencían para nada los syllabus seleccionados que eran muy diferentes a los utilizados en Rusia, pero me parecía natural pues estaban orientados a otros ambientes. Sin embargo, tras varios años de esos programas parece que no cuajaban en una idea, sino simplemente se ofrecían certificados más que una preparación sólida. Brownsville parecía más interesante, si bien inició con el GM “Dzindzhi”, parece que al no adaptarse a su alumnado mayormente compuesto por mexicanos de origen y no aprender español, poco a poco se fue alejando hasta ser sustituido por el GM mexicano Hernández, tras unos años de labor, también perdieron los servicios y el GM emigró a Argentina, donde su esposa, la GM Claudia Amura está realizando una labor magnífica en el interior de su país.
En Texas Tech parece ser que el apoyo económico no estaba de acuerdo a las expectativas de la GM Polgar y ella optó por cambiarse de universidad, lo que no debiera llamar la atención de nadie, pero lo hizo con todo y equipo de alumnos, en un acto que más bien pareciera una venta de equipo profesional y no de cambio de sitio de labor de un académico. Quizás exista mucho de simulación en otras universidades de los Estados Unidos respecto al ajedrez, pero así parece que más que campeonatos universitarios lo que existe es una liga profesional de ajedrez como la Bundesliga, pero con “becarios” en lugar de jugadores abiertamente contratados. Habría que esperar ahora que grandes maestros cuarentones tengan becas de posgrado para que veamos a Anand o a Topalov alinear en algún equipo universitario de los Estados Unidos. Académicos con títulos de ajedrez como Rogoff y Ken Reagan tal vez regresen de su retiro del ajedrez y representen a alguna universidad.
Cuando pregunte al GM León Hoyos en que universidad eligió seguir sus estudios, me contestó que en Missouri, lo que imaginó que significa que se unirá al equipo que la GM Polgar traslado de Texas Tech a la Universidad Webster de Missouri. En pocas palabras, va más como jugador que como estudiante. Tal vez el peligro sea que la GM Polgar venda su equipo de ajedrez a West Point y terminé el GM León Hoyos como oficial y caballero en el ejército de Estados Unidos, o si la GM Polgar recibe una buena oferta de alguna Universidad inglesa, finalmente todos terminen graduándose en Oxford.
Claro que en los Estados Unidos la excelencia deportiva brinda la posibilidad de becas en las más prestigiosas universidades norteamericanas, pero en ningún deporte se había visto un cambio tan rápido y tan numeroso de equipos completos de una universidad a otra; creo que la GM Polgar en eso ha creado un antecedente único en el medio universitario. Tal vez sea un caso para CONAHEC o como dicen por ahí, para la “araña”. En una de esas el equipo completo de la Universidad de Budapest pudiera ser comprado y etiquetado por la universidad de Harvard con Judith Polgar como entrenadora.
Eso me hace pensar en un artículo sobre privatización de ejércitos y que así como se compran armas, pudieran comprarse aviones o helicópteros con todo y pilotos y artilleros. Se dice que un instituto del deporte de un estado alguna vez compro una serie de canoas a una universidad con todo y remeros para ganar una olimpiada, pero le descalificaron el equipo. En las delegaciones políticas del DF vemos equipos de ajedrez con jugadores que vienen de todas partes de la ciudad, pero que atraídos por becas, uniformes y apoyos; conforman equipos para gloria y “pena” de algún entrenador que se destaca en su “poder de gestión”. En el futbol se habla del “mercado de piernas”, en ajedrez le podríamos llamar quizás el mercado de cerebros o de otra parte del cuerpo que se use mucho al jugar ajedrez. Se aceptan sugerencias.

Complicidad.



Cada torneo deja enseñanzas a sus participantes, pero por lo general en lo que toca a experiencias técnicas trasciende a los espectadores y muchos hay que son seguidores asiduos de los sitios web oficiales de los eventos. Las partidas más importantes se difunden por la red de Internet y se van integrando crónicas con datos aquí y allá.
Pero hay torneos que pueden ser muy interesantes en lo sucedido fuera de las salas de juego, aunque pocas crónicas se hacen de ello.
En lo que toca al Campeonato Nacional Abierto de Ajedrez de México realizado en Hermosillo, muchas cosas pude observar fuera de lo que sucedió en las salas de juego.
¿Hasta qué punto es prudente revelar algunas cosas y hasta qué punto la ética obliga a hacerlo o a ocultarlo?
Un ser de gran calidad humana y enormes conocimientos como lo es el Cardenal Bernard Francis Law, Arcipreste de Santa Maria Mayor de Roma, hasta noviembre de 2011, pero que de 1984 hasta 2002 fue Arzobispo de Boston; tuvo que enfrentar en su vida el hecho de elegir entre ocultar y revelar grandes crímenes cometidos en su Arquidiócesis y fue condenado por su feligresía y su propio clero en fallar en ello.
Pidió perdón públicamente por sus desaciertos y el no haber tomado las actitudes adecuadas de manera que muchas personas sufriesen, sobre todo niños inocentes.
El Cardenal Law, nacido en Torreón, Coahuila el 4 de noviembre de 1931,  se vio envuelto en la turbulencia de las acusaciones de abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes católicos y de no haber actuado de manera oportuna y decidida para evitar daños a las víctimas. Entre las dudas y sospechas, mala valoración de evidencias, calló y fue considerado cómplice.
Reconocido como uno de los expertos más capacitados graduados en la Universidad de Harvard sobre temas medievales, Law es una autoridad en lo que toca a la historia de la justicia, además de que se le consideraba una mente crítica con todos los atributos de la buena conciencia y el criterio justo. Pero ahora muchos consideran que falló terriblemente en no denunciar lo que sucedía.
En casos mucho menos graves, podría pensarse que es fácil, mucho más fácil, emitir un juicio entre lo que hay que denunciar o simplemente dejar pasar. Pero no es así. A veces una posición surgida de una partida entre jugadores no muy fuertes es más complicada que las que aparecen en partidas entre grandes maestros. La interpretación de la ética en temas banales puede ser tan complicada como en los temas más relevantes de nuestra vida. Todo es según el color del cristal con que se mira y si uno da su opinión o su testimonio en algo corre el peligro de ser mal interpretado o que se mal dimensionen los hechos.
Cosas que se vieron y oyeron durante un aparente común y tranquilo torneo de ajedrez pudieran ser aterradoras para algunos.
Por mi parte, como considero que todo lo relacionado con el ajedrez tiene importancia para mi, no podría calificar nada como banal si creo que pudiera tener consecuencias para el futuro del ajedrez como herramienta educativa capaz de mejorar nuestras sociedades por todo el mundo.
Me interesó sobre manera lo que Law analizó, pensó y razonó cuando tuvo que enfrentarse en varias etapas de su desempeño como Arzobispo de Boston con la información de las sospechas de pedofilia entre los sacerdotes de su jurisdicción. Buscaba yo en los libros, artículos y notas sobre la manera en que Law se enfrentó a su gran dilema, una brújula para poder discernir entre lo que hay que denunciar a gritos y lo que hay que solo deslizar la información, dejando a otros la decisión de combatir o no. Es terrible querer erigirse en juez, cuando tantos seres ilustres han fallado en diversos niveles.
La tenue línea divisoria entre la prudencia, la cobardía y la complicidad es tan difícil de distinguir, que obliga a una reflexión cuidadosa. ¿Quién no recuerda las dudas de Hamlet de rebelarse o no, de expresar lo que había podrido en Dinamarca?
Creo que si una persona adulta, por poca sensibilidad que tenga, siente ser testigo de daño a un infante, debe pecar de imprudente y señalar, y no pecar de omiso o solapador, o ser culpable de mirar a otro lado.
Hay cosas malas que solo a ojos expertos y entrenados pueden ser notorias. O como me comentaba un padre de una niña ajedrecista que examinaba algunos documentales sobre ajedrez:  “A veces por ignorancia uno comete grandes errores, pero ¿porqué no se nos informa de algunas cosas para que podamos emitir un juicio más o menos adecuado y podamos tomar una decisión en lugar de que otros la tomen por nosotros?”.
Mucho de lo oído, visto y percibido en el torneo no tendría gran significado para quienes no tienen la preparación o preocupación de un entrenador de mediano nivel y para muchos no pasa nada malo. Pero desde mi experiencia como entrenador, como jugador, como profesor no sólo de ajedrez; muchas cosas me parecieron terriblemente alarmantes y estremecedoras. Otras, tras una semana de reflexión, adquirieron otra dimensión y se volvieron insignificantes; pero otras muchas, incluyendo algunas que eran pasadas inadvertidas antes de leer los libros sobre las tomas de decisión del Cardenal Law, crecieron.
¿Qué judío tomó como válidos aquellos argumentos de los pobladores de los pueblos vecinos a los campos de concentración que decían que no sabían o no se imaginaban lo que estaba pasando en esos lugares convertidos en infierno en la vecindad de sus apacibles hogares?
Entre ser cómplice o alarmista, prefiero que se me culpe de lo segundo.
Por otro lado, determinar culpabilidades no se puede recargar sobre nadie. Toca comentar los hechos y que otros hagan sus juicios, como yo hago los míos y me los guardo. Preferiría ejemplificar con el cuento del gallo que llega a su granja y le dice a las gallinas mostrando en su mano un huevo de avestruz: “No quiero criticar, o culpar, solo quiero mostrarles lo que se está haciendo en otros lados”.
Cuando leo las declaraciones del buen amigo López Michelone sobre los avales que solicita el señor Capó, me dan risa algunas argumentaciones. Es como si uno se parase en la puerta de una tienda y quisiera convencer a los compradores que no adquieran artículos caros e inútiles. Cada quien tiene su propio juicio y no puede uno, suponiendo a los demás más ignorantes que uno mismo, determinar cómo gasten su dinero. Me parece, por lo menos, ocioso, soberbio y vano. Creo que se cumple con decir a los padres que antes de tomar decisiones se informen, y eso si quieren. ¿Con que calidad humana se les puede decir que no hagan cosas para algunos absurdas, cuando uno está lleno de deficiencias, lagunas de conocimiento, malos hábitos y tantas debilidades humanas? Me consta que Michelone en muchas compras que hace de libros de ajedrez tira su dinero desde mi punto de vista; pero ¿cómo podría llamar su atención a ese hecho siendo que su patrimonio familiar es tan superior y sus perspectivas económicas le permiten lujos que desde mi plataforma me parecerían como el gusto por la cacería de algunos monarcas? Es como si pidiera que no le admitieran entrar a un restaurante a tirar su dinero y a maltratar su salud solo porque a mi juicio tal local sólo le acarreará que lo esquilmen y lo dañen. ¿Soy acaso el non plus ultra en lo que toca a selección de viandas y lugares para comer? Si hay papás que tienen el dinero y la voluntad necesaria para que sus hijos viajen a jugar al extranjero, que lo hagan. El argumento de que van a hacer el ridículo y de que la experiencia no les dejara nada útil, no lo puede esgrimir alguien que ha participado, como todos nosotros, en tantos torneos de forma tan vana y tan poco provechosa. Es su dinero y si la ley solo se puede meter en como lo ganaron, nadie se puede meter en como lo gastan. Dice que los organizadores y directivos engañan a los padres. ¿Y? ¿No nos engañan todos los días los medios, las autoridades y hasta nuestros familiares? ¿A Michelone nunca algún amigo lo ha engañado diciendo que jugó una buena partida? A todos nos engañan en todos los torneos de esa forma. ¿A él no?
Denunciar o no denunciar es asunto más serio, lo de los avales no tiene ninguna relevancia comparado con otros hechos más graves que se hacen en contra de los niños ajedrecistas. Si creyese en complots, diría que parece que hay uno creado de forma infernal para dañar a las jóvenes generaciones de ajedrecistas mexicanos, pero primero, no creo que haya una mente entrenada y capacitada interesada en diseñar tal complot ni creo que mi percepción sea tan perspicaz como para detectarla, ni tan “elevados” mis conocimientos como para que no vea moros con tranchetes. Es más factible que sea mi paranoia y el hábito de actuar paranoide como recurso de supervivencia. “Los paranoides son los únicos que sobreviven” es el lema de los seminarios de Tom Peters y me confieso muy influenciado por ellos.
De que hubo muchas cosas terribles y graves, dependerá de los particulares puntos de vista de cada quien. Como este es mi blog y no deseo caer demasiado en la autocensura, daré mi testimonio, ya sea para alertar a unos o para servir de botana a quien los crea alarmistas. Teniendo en cuenta de que hay muchos que no comparten mis puntos de vista, he tomado, desde hace mucho tiempo, la provisión de no permitir comentarios en mi blog. Algunos me han escrito indignados emails tratando de refutar o contradecir mis opiniones. Los leo por el vicio de ser curioso, pero luego los condeno a la suerte de los “Spams” y los borró. Los leo, pero a muchos ni los veo ni los oigo. Pero no evitarán que afirme: “Hay algo podrido en Dinamarca” y saben que no me refiero al lugar natal de Larsen, sino para cada lector habrá unas selección personal del lugar al que me refiero. Sólo puedo asegurarles que no tengo familiaridad acrítica y que lo que vi o creí ver en el torneo de Hermosillo se me hizo francamente aterrador y haré una serie de relatos de aquel “Halloween”
Y como dice Páramo, el mejor asesor financiero de la Radio: “No tiren su dinero, dénmelo a mi”